«Remendar heridas»

Fotografía de la obra "La Remienda", de La María Cuco Teatro, sobre la cual se basó el comentario "Remendar heridas"

Un comentario de Dayán Guerrero

Hablar de Chile nunca es fácil. Se carga con culpas, heridas, sangre. Ojalá poder aprender de lo ocurrido en el tiempo del asco como le llamaba Stella Díaz Varín. Siempre se cuestiona si es bueno rememorar o es mejor el olvido. Que para qué seguir haciendo obras de dictadura si aún no nacías, que es mejor no remover escombros y enterrar el pasado, ni perdón ni olvido se dice muchas veces.

Pero qué poco sabemos del perdón. Para mí el perdón desata nudos, quita las hilachas del alma, te cose una herida, remienda la historia

Es tanto el dolor, es tanta la pena, que poco se habla del perdón. Somos un país lleno de iglesias, con una fe que se diluye en la culpa y el castigo. Ojalá la fe se viviera de un modo más liberador y refrescante.

¿Y la rabia? Qué poco se nos enseña habitar la rabia, abrazarla, asirla al cuerpo, vivirla, respirarla, dejar que se mueva. No hablo de destruir desde la rabia, hablo de movilizarte desde ella, para que salga de bajo de la tierra. Habitar cada una de las emociones. Entender, aprehender. A Chile le falta lectura, salir de la zona de confort. Es como si muy en lo profundo, sólo quedara con un extenuante conformismo.

Chile es un país sísmico porque nos ayuda a sacudirnos del estupor. Su cordillera nos protege y sus costas nos lavan las heridas. ¿Será que la tierra está de nuestra parte y siempre nos sacude para volver a empezar? ¿Truena y relampaguea a puertas del verano para decirnos algo?

¿Es pertinente seguir hablando de dictadura? Sí, siempre sí. Desde todas las perspectivas. Desde todas las miradas. Sea cual sea.

Al ser espectadora de la obra “La Remienda” de La María Cuco Teatro, sentí y observé. Me observé. Pensaba, en cuál es mi bandera en deshilache, qué destruyó mi bandera. ¿Se puede volver a zurcir? ¿La boto? ¿La renuevo? ¿He llegado a la cima? ¿Puedo ponerla en el lugar más alto?

Para mí siempre será un placer ver mujeres en escena, las triadas me fascinan, los nombres de flores más aún. Pero estas flores, ¿dónde habitan? ¿Son del valle? ¿De la costa? ¿Del desierto? Ojalá poder reconocer un lugar más en específico, un territorio más particular, ahondar en lo más particular desde el punto de vista de la dramaturgia. Para acercarme más aún a estas mujeres que, si bien, no quisieron remendar la bandera por ser una patria rota, desde sus manos remendaban el recuerdo a través de sus bordados. Habría sido interesante ver los bordados, ver lo que cosían en escena, ¿juntas formarían otra bandera?

Desde mi mirada, pude ver la bandera chilena en el escenario, esa luz azul en el horizonte pudo haber sido el mar, o la línea divisoria de la bandera, la conjunción de tubos fluorecentes; la estrella, el rojo del cabello de Margarita, el sol, o la sangre.

Sonido subterráneo inquietante, angustiante, como el sentir y la asfixia de Margarita, Rosa y Hortensia.

Verlas a ellas en ese espacio tan íntimo, me impulsa a querer saber más de ellas, con quien viven, si alcanzaron a almorzar, hace cuánto se conocen, y en qué año están. Agradezco las rimas, y dichos.

Agradezco la instancia de poder verme y verles. Meditar y sentir. Que este ramito de flores permanezca siempre en agua.

Este comentario fue publicado por primera vez en Verso.cl

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