«Señora Rosa abra la puerta, no está sola»

Fotografía de "A.M.O.R.A.L", obra correspondiente al comentario "Señora Rosa abra la puerta, no está sola".

Un comentario de Margarita Castro

Al amor, una gota diluida en el vientre de Rosa, cae y cae, como su amor incierto y nervioso que propone desde que nos abre su puerta. Prepara su propia leche, batiendo su alma para calmar la escasez. Barre, borra, recoge y limpia, sirve, educa, abnega… verbos habituados, nombrados recurrentemente en el margen que le corresponde como madre, como mujer; verbos que han recorrido los tallos de todas las rosas del jardín en cada maternidad. Es una propuesta que contiene hasta el agua y al mismo tiempo, cuestiona el amor, desde una perspectiva que se condice ser ajena a toda moralina. Pero la pócima del juicio sucede nuevamente hacia las mujeres, sobre todo a quien cría, transformando su representación en objeto útil para resguardar, proteger, aconsejar, resolver y consolar al prójimo; verbos que han recorrido las espinas de todas las rosas de este jardín llamado mujer.

La trama de “A.M.O.R.A.L.” nos entrega una pregunta constante: ¿Qué le dirías a la madre de un asesino?, pregunta presentada al principio como estrategia de mediación realizada por la Compañía Máximo Esfuerzo. De esta manera, el espectador se dispone a dialogar las posibles acciones que podrían ocurrir, expresando incluso su postura política frente al caso. De esta manera, la tensión dramática presentada y vivida, ocurre en sostener ese hilo de respuestas que se atravesaron al inicio de la experiencia, desarrollándose en el encuentro entre una madre y su hijo Alexis (prófugo de la justicia por cometer un asesinato). Mientras avanza el tiempo cerrado, Alexis nos presenta la desconexión emocional que lo separa de su madre, y que invade su casa hasta su cuerpo, secando el último pétalo de Rosa, quien luego de eso toma la gran y esperada decisión.

La constante búsqueda de una libertad, no vista, no vivida, pulsa constantemente gracias a la interpretación de Tannia Toro, quien nos conmueve con un grito silencioso; la euforia de cruzar el límite y romper el jarrón. Sin darle espacio a la culpa, al lamento, al cuchillazo en el pecho, al rosario dibujado en el vientre, un cuerpo cansado de cargar algo que ya no le pertenece. A favor de ese grito silencioso, aparece el eco genuino y honesto de Raquelita, una vecina pequeña que acompaña a Rosa en la soledad y oscuridad, entregando un espacio de ternura y rebeldía, curiosidad y disfrute en la puesta en escena, siendo lámpara en el túnel que ella habita.

“A.M.O.R.A.L.”, creada y producida por la Compañía Máximo Esfuerzo, nos invita a ser testigos observantes del mal criado concepto de la maternidad, pidiendo con ansias que el viaje no sea el mismo de siempre, desestructurar y poder estar a la altura de la sabiduría materna. Sabiduría ajena al juicio, interpelación y concediendo la más sensible dignidad que toda Rosa merece. Una propuesta escénica que nos invita a reflexionar sobre las actuales miradas que aún conservan las espinas de muchas Rosas, desde la inquietante posición de una madre en soledad.

Este comentario fue publicado por primera vez en Verso.cl

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